Recuerdo una frase de Don Arturo Pérez-Reverte en alguna entrevista o artículo donde decía, parafraseando, que “no existe un hombre lúcido que se sienta como un héroe vencido”. El sentido de dicha reflexión se siente hoy en día de manera flagrante sin más que leer las noticias, ver la televisión o escuchar a los parroquianos de cualquier cafetería de este país. Cuando uno se replantea ciertas aseveraciones o comportamientos socialmente aceptados y políticamente correctos, se convierte automáticamente en un conspiranoico, un ególatra que sólo quiere llamar la atención o en un ‘porculero’ que disfruta llevando la contraria. Personalmente soy de llevar mucho la contraria, pero porque usualmente las opiniones que uno ve expresadas en público tienen tintes mucho más religiosos que argumentables y no puedo reprimir mi necesidad de enfrentarme a todo lo que me parezca dogmático y aparentemente, arbitrario.
No me parece mal que cualquiera airee sus creencias en público si le apetece o que un grupo de personas, en torno a una convicción que no necesita ser demostrada, se coordine y realice actividades en común. De hecho, me parece una expresión de libertad tal, que suelo incitar a dichos comportamientos cuando veo inquietud pero poca voluntad. Otra cosa es que dichas opiniones se conviertan en supuestas verdades inmóviles y que ello tenga consecuencias políticas, sociales, económicas, etc.
¿Cuantos de nosotros son capaces de negar que existe cambio climático? ¿Y de afirmarlo? En cualquiera de los dos casos, ¿por qué nos posicionamos en esa opinión? No hablamos del sexo de los ángeles, no hablamos de si existe Dios, no hablamos de definir el amor, hablamos de un concepto analizable, contrastable y sujeto a la metodología científica. Entonces, ¿como puede haber ‘opiniones’? ¿Cómo es que no hay un consenso claro mundial que haga que todos sepamos qué sucede?
Algunos pensareis ‘claro que hay consenso: hay cambio climático’ y yo, que me considero documentado (fuera de los medios de masas, centrado en publicaciones científicas rigurosas) y que he debatido el tema con científicos informados estaré de acuerdo. Bien, estamos todos de acuerdo en que hay cambio climático. Las temperaturas se mueven con cierta tendencia cambiante por lo que arrojan los estudios. La cuestión no es esa, lo importante es, ¿por qué se da este ‘cambio climático’? Y aquí empieza la crisis de fe.
La obsesión actual de todos los ecologistas del mundo y de los gobiernos del primer mundo reside en limitar las emisiones de CO2, porque ello evitará que sigamos siendo la causa del calentamiento global. Y yo me planteo (junto a muchos otros en el mundo [1]), ¿nadie discute que esto sea verdad? No me refiero a que lo discuta un científico, porque hay una gran parte de la comunidad científica que no se pliega a este convencimiento global acerca del CO2. ¿Tan patéticos somos en sociedad, que basta con que nos bombardeen con algo, para que acabemos acatándolo sin más que creernos que ‘lo dicen los científicos’? ¿Qué sucede si alguien levanta la mano y dice que las emisiones de CO2 no son las culpables y que la culpabilidad del hombre en relación al calentamiento global no es tal? Yo he tenido esta conversación varias veces y suele ser de este estilo:
- Pues el calentamiento global no es culpa del hombre
- ¡Si, claro! ¡Vas a ser tú más listo que el resto del mundo!
- No, es que hay estudios que lo demuestran.
- ¿Si? Venga, ¿donde?
- Pues aparte de en revistas científicas, en registros de temperaturas, en documentación histórica… Por cierto, ¿dónde están los estudios que sí lo demuestan?
Este tipo de diálogo continúa en la dirección de tal o cual documental de Al Gore, tal foto de tal glaciar, que si no se qué patos se mueren en petróleo (no sé que tiene que ver con el calor y el CO2, pero lo mentan) o que si el nivel del mar está subiendo nosecuantos centímetros al año. En ese momento se acuerda uno de Boadella con lo de que “lo peor que le puede pasar a uno es tener razón, porque será víctima de los medios de comunicación”. Nadie habla de la radiación solar, o de los periodos de calentamiento y enfriamiento que se llevan sucediendo en la historia del planeta desde que se tienen registros de temperatura (la geología ha ayudado mucho en este campo), nadie habla de que el CO2 tiene un porcentaje irrisorio dentro de los gases atmosféricos con efecto invernadero, nadie habla de que las simulaciones empleadas para predecir las temperaturas no tienen en cuenta la realimentación por vapor de agua (las nubes) [2] o de que un sólo volcán puede expulsar más CO2 a la atmósfera en una explosión que toda la industria que podamos imaginar y por supuesto, nadie habla de que las grandes potencias del mundo quieren evitar a toda costa que los paises en vias de desarrollo o los tercermundistas sean capaces de desarrollar una industria en igualdad de condiciones que la que el mundo industrializado lleva empleando desde hace dos siglos.
Los abogados son listos: si hay un crimen, hay un móvil. ¿Acaso nos creemos realmente que tanto bombardeo durante años sobre este asunto, confundiendo términos y mezclando conceptos, no tiene un fondo en el que alguien gana algo? Aunque no haya un consenso público mundial firme, apoyado en las pruebas, ¿no deberíamos plantearnos, como ciudadanos maduros, el cuestionar todo este tipo de catastrofismos de una manera más sensata? Cuando un montón de gente comparte una creencia sin necesidad de pruebas no se habla de ciencia, sino de religión. Y es una religión extendida por unos medios de comunicación al servicio de los intereses de una sociedad en decadencia que se deja manipular mediante una propaganda que nos hace sentir mejor persona si separamos nuestra basura en distintas bolsitas.
Referencias:
[1] Lista de científicos que se enfrentan a la corriente mediática sobre el cambio climático
[2] Explicación por parte del Dr. Easterbrook acerca de datos y predicción acerca del clima [en PDF].
[3] Gráficas y explicaciones alternativas a la corriente mediática sobre el origen del cambio climático.






