No, si ya verás tú como…

Tecnología, programación, negocio, música, literatura, …

“(…) llevadme a casa, encerradme, y que no se entere nadie”

Hoy me he cruzado con este texto del caballero Jorge González Guadalix, sacerdote diocesano de Madrid, que publica regularmente en Infocatolica.com . En él, se despacha a gusto con un grupo de yayoflautas que intentó presentar un escrito en el arzobispado en relación con la crisis y la forma de actuar, que consideran criticable, de la Iglesia Católica.

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Señor Anguita, muérase ya.

Estimado Sr. Anguita,

Da igual que usted y sus colaboradores lleven treinta años pronosticando eventos y dinámicas sociales, económicas y políticas. Da igual que durante los años ochenta no diera la vergüenza que da hoy en día oír a los, supuestos, representantes políticos y que usted sea de los pocos supervivientes mediáticos que siguen aguantando. Da igual que aparte de hablar, cumpla con hechos y sea una de las figuras más coherentes del panorama español (se esté o no se esté de acuerdo con usted). Da igual que imprima de didáctica sus discursos. Da igual que sea de los poquísimos españoles con cierta visibilidad pública que se esfuerza por enmendar lo que ha hecho mal e intentar darle tanta relevancia a la corrección como a la metedura de pata. Da igual que algunas de sus explicaciones sean de dos más dos aunque la única réplica que oigamos a los detractores es que usted es un marxista y un utópico. Da igual que sus “iluminaciones” pasadas se hayan cumplido una por una. Da igual que usted demostrara mientras fue alcalde de Córdoba que lo que propone no se escuda en ser la tercera opción que nunca gobernará. Da igual que usted acompañe de datos sus aseveraciones en lugar de bañarse en playas para demostrar que no le sale un tercer brazo. Da igual que sea verdad que un país sin jóvenes, deja de existir y que usted lo repita constantemente. Da igual que usted se moje y exija a los políticos que condensen sus obligaciones en un programa. Da igual que la inmensa mayoría de la gente piense lo mismo que usted en lo esencial. Da igual.

¿No ve usted que esto es España? ¿No ve usted que da igual? ¿No ve que, si está vivo, no podemos sacarle en procesión y pedir a los santos que arreglen las cosas en su nombre? ¿No ve que si usted no se muere, no podremos reunirnos de romería y poder gritar “¿Anguita? ¡Presente!”?

Señor Anguita, muérase ya y déjenos su recuerdo para poder recordar cuanta razón tuvo siempre. Que esto es España.

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Nuevo tutorial super-avanzado sobre multiplicación, manifestaciones y Delegación del Gobierno con motivo del 14N.

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¿Y si la Falange tuviera un DeLorean?

Me he planteado esta pregunta muy seriamente tras haber encontrado, de casualidad, una referencia a un personaje muy llamativo durante los primeros años del franquismo. Este personaje, según Wikipedia:

De ideología falangista, escribía en el Diario de Navarra, firmando como El Espectador, además de colaborar en otros periódicos.

No sólo eso, sino que su vocación le llevo a elegir una carrera muy concreta:

Realizó sus estudios eclesiásticos en Pamplona, en la Universidad de San Carlos en Salamanca y posiblemente en Roma. Fue ordenado sacerdote en 1926.

En resumen: sacerdote y falangista. No hace falta ser un peligroso ente anti-sistema para asegurar que, en esa época, representaba el máximo símbolo de lo más consevador, tradicionalista y fascista que se podía encontrar en la sociedad española. Tanto es así, que su cargo más emblemático es:

Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS desde 1937 a 1938, fundó y dirigió la publicación “Arriba España”, que tenía como subtítulo “Primer diario de la Falange”.

Pero, ¿qué tiene esto que ver con tener un DeLorean?

¿La Falange con un DeLorean? Las consecuencias podrían ser… ¡catastróficas!

Pues tiene que ver porque a uno sólo se le puede ocurrir esa explicación al ver la imagen del descrito caballero. Este sacerdote nacional se llamaba Fermín Yzurdiaga y la imagen que me encontré en el juego de mesa 1936: La guerra civil  (el cual recomiendo encarecidamente si te gustan la historia y los juegos de cartas) fue esta:

Fermín Yzurdiaga... ¿no nos recuerda a alguien?

¿No se os viene a la memoria algún personaje actual, dedicado al mundo del periodismo, director de un famoso diario, de ideología centro-España? Si no sabéis a quién me refiero, aquí tenéis una pista

Pues eso. Un DeLorean por lo menos.

Corralito inverso

Escribo esta entrada un poco sobre la marcha a raíz de un Tweet de @pabloMP2P y de la noticia de una señora de Barakaldo que se ha suicidado ante la inminente ejecución de un deshaucio como consecuencia de su relación con una entidad bancaria desconocida hasta el momento.

Si bien la solución de meter fuego a cosas es bastante primaria y atractiva, yo soy de la mentalidad de que lo mejor es atacar al enemigo donde más les duele. Como en el caso de los bancos cuesta mucho llegar lo suficientemente alto como para darle a los realmente importantes, propongo un germen de idea para atacar a donde llegamos desde la calle: las oficinas.

Se oye desde hace tiempo aquello del corralito argentino y se hace para meter miedo a los usuarios de los bancos, es decir, al 99% de los mortales en cualquier país “civilizado”. Imaginad, por un momento, un corralito invertido. En lugar de ser los bancos los que nos retienen la capacidad de retirar efectivo, que seamos los ciudadanos los que les quitemos las existencias de liquidez. Esto se ha propuesto muchas veces pero no de manera efectiva a mi entender. Posiblemente una solución tipo “todo el mundo a sacar su dinero” provocaría un caos demasiado grande y afectaría a los bancos pero, sobre todo, afectaría a nuestros conciudadanos a la hora de disponer de dinero para comprar pan, leche y todas esas cosas por encima de nuestras posibilidades.

Lo que yo propongo es derrumbar la capacidad de provisión en las sucursales de manera quirúrgica y aleatoria. Tras este nombre tan rimbombante no hay más que un poco de coordinación a ciegas entre clientes de entidades. La idea es coordinar a todos los clientes afines a la propuesta que tengan cuenta en una entidad para sincronizar que saquen efectivo de una y sólo una oficina concreta en cada municipio, localidad o provincia (hay que echar números para calcular una solución efectiva).

La gracia está en hacer que esta decisión sea aleatoria; que ninguna sucursal (ni los participantes en la acción) sepan si se va a ejecutar o no. Esto se puede controlar mediante una aplicación web/móvil a la que uno se apunta anónimamente, dando como datos su ciudad, su entidad bancaria y los días que puede prestarse a una acción como ésta. Con un 25% de paro, seguro que las agendas de mucha gente están muy liberadas. Esta aplicación ejecutaría en un servidor un algoritmo aleatorio que seleccionaría (o no) una o varias sucursales por cada unidad territorial definida. A todos los usuarios de ese área se les notificaría una fecha, una hora y una cantidad máxima para sacar del banco. Este aviso se daría con muy poco margen (idealmente, minutos o pocas horas) y el algoritmo se puede refinar mucho para hacerlo aún más imprevisible.

La potencia está en el incremento de riesgo para todas las sucursales de quedarse sin efectivo. Al no saber si les va a tocar, su previsión puede ser más que insuficiente. Esto, con suficientes usuarios de la aplicación podría ser demoledor con un simple análisis de la estabilidad del sistema (sobre todo en las condiciones que están ahora mismo los bancos). Si, además, se adhieren trabajadores de sucursales de manera anónima para diseñar los algoritmos y poder acotar mejor las cantidades, ni os cuento la incertidumbre con la que tendrían que lidiar todos los días todas las sucursales de todos los bancos españoles.

Sinceramente, detalles y concreciones aparte, creo que es mucho mejor que meterles fuego.

Si alguien se anima a echarle una pensada, mi Twitter es @danibluebishop

¡Taxi!

Esta será una entrada breve para describir el día de retorno desde Sevilla a Munich. No soy de usar el blog como diario de a bordo, pero el día que echamos mi señora y yo lo merece.

Salimos de Sevilla en el AVE, dirección Madrid para coger el avión en Barajas, T2. El trayecto en AVE, como siempre, fue exquisito. Todo a su hora y sin problemas. Una vez en Atocha, nos dirigimos a la parada de autobuses para tomar el del aeropuerto. En el viaje de venida le preguntamos a un simpático trabajador de Barajas la mejor manera de llegar a Atocha y nos dijo que el metro. El metro. Creo que son dos transbordos con parada en Nuevos Ministerios, es decir, con descenso a los infiernos. Como no quisimos repetir la catetada a la vuelta, cogimos el bus, el cual ya había usado yo en otros viajes y que es lo más cómodo con diferencia.

De tiempo íbamos sobradísimos, así que para uno al que no le gusta volar como yo y una que se ataca de los nervios hasta que llega a tiempo al aeropuerto todo era perfecto. Nos montamos en el autobús, dejamos las maletas en el hueco de equipaje y nos sentamos. Llegamos a la T2, bajamos las maletas y nos dirigimos a facturar. Facturamos. Al retirarnos del mostrador siento algo raro. En ese momento miro al suelo, miro al mostrador y me dice Cris: “Dani, ¿y tu mochila?”

Mi mochila. La mochila donde iba un portátil, un disco duro y parte del dinero que me llevaba de vuelta, aparte de las llaves de mi casa de Sevilla y las de mi casa de Munich. Fui corriendo a preguntar al mostrador si tenían alguna conexión por radio o teléfono con los autobuses y me dijeron que no, pero que saliera a esperar al siguiente y le preguntara. Siendo sábado y con el poco tráfico que había, a saber cuantos buses estaban en servicio y qué tiempo teníamos. No me lo pensé y fuimos corriendo a coger un taxi.

Iván. Iván se llama el taxista que nos escoltó durante la siguiente hora. Un chaval de treinta y pico, con acento de Madrid y pinta de currante de toda la vida. Nos montamos en su coche y Cris le explicó el tema rápidamente. “No os preocupéis que, conmigo, llegáis”. Yo estaba descompuesto, la verdad. Soy sumamente despistado y más o menos estoy acostumbrado a perder cosas, pero con las cosas realmente importantes (de trabajo o regalos) lo paso fatal cuando se me pierden. No era una opción perder el portátil.

El chico enfiló a Atocha, con la esperanza de adelantar al autobús en algún momento. Nos cruzamos con uno y Cris se dio cuenta de que no era el mismo conductor (aparte, era imposible que ya estuviera de vuelta a esas alturas). Vimos a uno en Cibeles, de camino a Atocha y lo seguimos. De hecho, lo adelantamos. Al llegar a Atocha, salía uno de la parada, conducido por una chica muy simpática. Le dimos el alto (así, como suena) y nos atendió amablemente. Le comentamos y nos dijo que lo notificaría a los compañeros. No nos quedamos muy tranquilos, la verdad.

En ese momento, Iván para el taxi, se viene con nosotros a la parada y nos ofrece un cigarrillo. Ni Cris ni yo fumamos, así que le agradecimos y nos quedamos allí esperando los tres. Llegó otro bus, este con un conductor no tan simpático, pero que se portó. Intento contactar por radio y le notificaron por mensajería que un compañero había recibido el mensaje de la chica y que tenía la mochila. Le dijimos la hora del que cogimos nosotros y nos respondió que debía ser el siguiente autobús que venía justo detrás de él.

Tras un cuarto de hora que se nos hizo infinito, vemos el autobús amarillo llegar a Atocha y, tras otros 10 minutos infinitos, vemos como estaciona, se baja todo el personal y se nos acerca el conductor. Nos pregunta el color y Cris y yo respondemos “negra” a coro desafinado. Le empiezo a decir cosas que llevo dentro (un portátil, dos kits de desarrollo con microprocesadores de Texas Instruments… lo típico) y me dice que él no ha mirado y que si es esa que tiene en las manos mientras la saca.

Nunca, nunca, nunca llevéis cosas importantes en bolsas que den pistas. Nunca llevéis de viaje una cámara de fotos en una funda de cámara de fotos y nunca llevéis un portátil en una cartera para portátiles. Estoy seguro de que las tiras de forro rasgadas, los hilachones y un par de cortes de la mochila disuadieron a cualquiera que se hubiera planteado llevársela. Allí estaba mi mochila, reventada como siempre y con todas mis cosas dentro. Le dimos las gracias al conductor, nos bajamos y enfilamos el taxi de Iván.

A los veinte minutos ya estábamos en Barajas de nuevo, con tiempo de sobra para pasar el control y disponernos a embarcar. No tengo palabras de agradecimiento para los conductores de la línea Express al aeropuerto de Madrid ni, por supuesto, para Iván, de quién no sé el apellido ni el nº de licencia de taxi pero al que espero volver a encontrarme si necesito que alguien me salve el día con un volante en las manos.

P.S.: Otro día contaré sobre el sobrecargo showman del vuelo con Lufthansa, capaz de expresar toda su paciencia y sentido del humor en alemán, inglés y español sin perder un ápice del tono. Es un sobrecargo de metro noventa que, tras pedirle tila o una infusión relajante me mira y me dice: “¿Una tilaaaa? ¡Mejor una copita de Orujo!”

Desconfía de los thumbnails (o la importancia de la separación en frecuencia).

Algunos puede que no sepáis lo que es un thumbnail. No es más que una miniatura del tamaño de “una uña de un pulgar” (traducción literal). Cuando miráis las carpetas con fotos, podéis ver réplicas de las imágenes en lugar de feos nombres de archivos: pues eso es un thumbnail.

Por otro lado, la separación en frecuencia es algo menos inmediato de explicar. Quizá la manera más intuitiva de explicarlo sea con audio: podemos distinguir sonidos agudos (de alta frecuencia) de sonidos graves (de baja frecuencia). El caso es que en otras magnitudes (no sólo en los cambios de presión en el aire que provocan sonido) esta separación también existe. Gracias a que las imágenes también pueden interpretarse en función de altas o bajas frecuencias, podemos generar ilusiones ópticas tan curiosas como la que os comento en esta entrada.

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Feijoo en cinemascope

En la web de http://www.abcdesevilla.es han tenido a bien recortar una imagen de la noche electoral en Galicia (retratando a Feijoo) con una relación de aspecto bastante interesante.

Imagen

(Imagen capturada por JJ Internauta)

La representación en el Congreso

Se habla mucho de desafección política, de poca cercanía de la clase política, de que la población no se siente representada… Generalmente se dan valoraciones poco o nada empíricas y, las pocas veces que se usan datos, se cae en errores de interpretación, bien por desconocimiento, bien por intereses del supuesto analista. A continuación, en dos párrafos, dejo una exposición de datos para que cada uno saque la conclusión que considere oportuna.

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Manera simple de presentar los datos

Hoy, El País presenta unos resultados de Metroscopia de la mano de Fernando Garea para comentar el Acelerado desgaste ante el 21-O de las fuerzas políticas mayoritarias. Sólo quiero destacar un aspecto, recurrente en todos estos análisis de sondeos: la comparación entre porcentajes sobre participación, abstención y la ganancia o pérdida de puntos. Seré breve…

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