No, si ya verás tú como…

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Un consuelo.

Y un día te pegan un tiro. Y vete a saber por qué. Como si a alguien le importase. Bueno, sí: a tu mujer y a tus hijos, pero eso se sobreentiende. Al menos te queda el consuelo de que si alguien te deja en la calle, como un perro, con tus sesos repintando los adoquines, no vendrá ningun hijo de puta a hacerte una foto con el móvil, ni los medios de comunicación la publicarán. Ante todo está el respeto hacia el fallecido. Faltaría más. Por suerte si tu hijo quiere buscar tu nombre en Internet porque, qué cojones, eras su padre, no encontrará tu imagen pixelada repartiendo chicha en mitad de la acera, por obra y arte de algún matarile de tres al cuarto. Y al menos, cualquiera que viese tu cuerpo a modo de botijo enrojecido, sería incapaz de seguir comiendo. Somos sensibles. Todos lloramos con Marco y su puta madre. Un consuelo, oigan.

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