No, si ya verás tú como…

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Magileaks (I)

Un mago toma su baraja de cartas, mezcla claramente delante de los espectadores y le brinda la baraja a uno. “Corte, por favor.”, y el espectador corta. “Tome usted la carta del corte, mírela, enséñela al público y recuerdela.”, y el espectador lo hace. “Pierda la carta en la baraja y mezcle, por favor.” El espectador empieza a mezclar y el mago pone cara de sorpresa. Todo el público está espectante, si el mago ha causado interés, por varios motivos posibles:

a) ¿Qué va a pasar?
b) Si acierta la carta, ¿como puede hacerlo si he estado controlando todo el tiempo?
c) Le ha dicho que mezcle, ¿no? ¿Por qué se sorprende?
d) Ya le ha fastidiado el juego.
e) ¡Bien! ¡Le ha fastidiado el juego!

Posiblemente el espectador, al notar la sorpresa del mago, se pare en seco y mire (o hasta pregunte) con cara de “¿He metido la pata?”. El mago lo mirará con resignación y le dirá que termine cuando quiera, porque total…

Tras todo esto el mago recuerda los pasos dados: “Has mezclado la baraja, has cortado, has elegido la carta que has querido, yo no he visto nada, ¿de acuerdo?”, el espectador y parte del público asienten porque es obvio que es cierto todo eso que se ha dicho. El mago mira al público y dice una carta. Resulta ser la carta elegida por el espectador.

Si eliminamos el objetivo de cualquier juego de magia, es decir, entretener, divertir e ilusionar (el mago es sólo ‘el que dice lo que hay que hacer’), la estructura,grosso modo de la representación es la siguiente :

1) Empatía inicial. Sale alguien del público (‘podría ser cualquiera de nosotros’, ‘es nosotros’) a hacer una tarea desconocida ‘contra’ alguien que domina la situación (el ‘opresor’).
2) Situación de incertidumbre compartida por todos, hasta por el ‘opresor’.
3) El opresor marca las reglas pero ‘nosotros’ las modificamos (manipulamos la baraja), provocando una situación completamente arbitraria, pero que hemos provocado nosotros, en oposición a ‘impuesta por el opresor’.
4) El opresor es un ser intrigante, puesto que desconocemos sus objetivos, aunque sabemos que va a intentar engañarnos. Hasta el momento no ha podido engañarnos, así que nos engañará en un futuro.
5) Nosotros hacemos una ‘elección libre’ y se la ocultamos al ‘opresor’.
6) Por orden del ‘opresor’, volvemos a realizar una acción que oculta nuestra elección aun más y el ‘opresor’ se muestra contrariado.
7) Trasvase de empatía. ‘Nosotros’ hemos incomodado, fastidiado al ‘opresor’, pero el opresor no ha hecho nada que no supieramos ya que iba a hacer. Además, no nos ha engañado todavía. Si ‘nosotros’ engañamos primero al ‘opresor’, nosotros somos opresores. Eso no es aceptable: no nos gusta ser los malos. Ahora nuestro amigo es el ‘opresor’ y nuestro reflejo en el escenario es un ‘traidor’.
8) Resignación. No sabemos como va a terminar esto, toleramos que el traidor termine su papel, dejando claro que no nos parece bien, y mostramos compasión y animamos a nuestro nuevo ‘amigo opresor’.
9) Repaso de información. El ‘amigo opresor’ nos recuerda como de mal lo tiene todo y nos enumera sus circunstancias: yo no he decidido el punto de partida, yo no he manipulado nada, vosotros habeis elegido libremente…
10) Revelación. El ‘amigo opresor’ vence a la adversidad sin decirnos como y nos revela, como si de un milagro se tratara, algo que todos sabemos.

Parafraseando a Tamariz: “Una mentira y nueve verdades, si se dicen de la manera adecuada, son diez verdades”. Cuando el mago asegura que el espectador ha mezclado, ha cortado y ha elegido una carta libremente no miente, pero son los espectadores (incapaces de recordar como grupo todos los pasos seguidos uno por uno) los que les asignan un orden. Incluso el ‘libremente’ sería discutible, puesto que el espectador se ha limitado a coger la carta de un corte, bajo instrucciones a posteriori dadas por el mago. Sin embargo la reconstrucción mental guiada por el discurso del mago nos graba en el cerebro, justo antes de la revelación, unas premisas de imposibilidad y de control de la situación que son falsas. De esta manera el mago puede:

a) Dotar de imposibilidad a su efecto (‘¡Pero si no ha tocado las cartas!’).
b) Convertir un hecho previsible (‘Los magos aciertan siempre la carta’) en algo especial.

En la Edad Media, durante este acto, un carterista podría robar las bolsas de monedas de los cintos del público, por ejemplo. En siglos posteriores todo evolucionó al puro entretenimiento, pero no podemos olvidar que la base de todo esto es el engaño, sustentado por fallos y limitaciones del cerebro principalmente.

¿Os suena algún caso que se haya dado ultimamente de alguna persona a la que se supone que deberíamos odiar por sus actos contra nuestros interés común? ¿Os suena que se gana nuestra simpatía porque nos promete darnos una información supuestamente oculta? ¿Os suena que se enfrente a algún contratiempo aparentemente nocivo para su integridad? ¿Os suena que tras todo este orquestamiento, nos brinde una información que todos conocíamos y que sólo es un conjunto de mentiras administradas entre muchas verdades?

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