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El desprestigio

Llevamos unos cuantos años en los que se suceden escándalos, crisis, corruptelas, etc. y todos aceptamos que ha sucedido toda la vida. Estoy de acuerdo en aceptar que es inherente a la condición humana el cargar con todas estas mochilas y que es responsabilidad de cada generación, en cada lugar, el luchar como mejor lo crean. Otro tema es el asunto de la sincronización de estos eventos.

Ahora viene la parte conspiranoica. Cuando me critican de “retorcido” siempre hago alusión a mi formación como ilusionista. Un ilusionista (no me refiero a un mago piscinero, sino a alguien que lee y comprende por qué la magia funciona y es lo que es) suele no perder ocasión para aprovechar los eventos en favor propio, es decir, en favor de crear una ilusión y divertir. Luego, obviamente, están las ilusiones elaboradas en las que el mago modifica su entorno, normalmente de manera sutil, emboscando a los espectadores con la idea de entretenerles. Ojo a las ideas clave: emboscar y entretener. Si se modifica el ‘entretener’ por ‘sacar los cuartos’ tendremos el caso de gran parte de los que se llaman mediums, tarotistas, quiromantes, etc. Estos te emboscan pero con la idea de robarte la cartera.

Quiero resaltar la cantidad de esfuerzo que se dedica para esto por parte del ‘actor’. El mago o el medium prepara concienzudamente la situación para llevarnos a su terreno, idealmente sin que seamos conscientes ni cuando hemos acabado. Si un medium te dice que ‘alguien muy importante para ti está deseando contactar contigo porque se marchó dejando algo atrás’, no te está hablando a ti: está tejiendo.

Una vez aclarada la premisa de que hay gente que prepara su entorno para satisfacer sus fines, sin que eso impluque una manera de ser retorcida ni nada, sino una simple planificación, vayamos con un repasito de eventos relativamente recientes.

  1. Alarmas sanitarias constantes, respaldadas por un organismo público como la OMS. Tanto con la gripe aviar como con la gripe A, por citar dos ejemplos, la percepción final, visto el número de víctimas y el impacto real, la única damnificada efectiva como consecuencia de las plagas (ojo, distingo entre la ‘plaga’ y los contagios personales, que evidentemente fueron damnificados) fue la propia OMS. ¿Cuanta gente desconfía de lo que la OMS diga a bombo y platillo ahora mismo?
  2. Crisis económica y los temibles mercados. Vivimos en supuesta democracia y vivimos en Europa. Se supone que nos unimos para ser más fuertes y para gestionar recursos de manera común. ¿Qué hacemos cuando nos ‘atacan’? Agachar la cabeza y ser sumisos. Aplicar recortes y coordinar como apretarnos el cinturón. Y todo gestionado por ese ente público que llamamos Union Europea. Es curioso como una ‘unión’ se ve desacreditada hasta el punto de ver amenazada su propia existencia de manera sistemática.
  3. Desconfianza de la clase política. Gracias a la endogamia, las presiones externas y la mezquindad intrínsecamente humana, los políticos demuestran no estar a la altura de las circunstancias. De nuevo una expresión de colectivismo, de democracia y de puesta en común, como es la representación política, está en decadencia, tanto de imagen como de poder efectivo.
  4. Moneda única. Desde el comienzo de la crisis, algunos de los ‘agoreros’ menos ligados a las corrientes tradicionales en economía señalaban que todo lo acontecido a raiz de la crisis mundial se iba a aprovechar para debilitar o hasta hacer desaparecer el Euro. Se rieron de ellos. Ya no tanto. Moneda común. Común. Gente que se pone de acuerdo.
  5. Internet. El medio de comunicación más masivo y directo que ha existido jamás en la Historia sufre ataques constantes para restringir su actividad. Lo disfrazan de interés económico, de manera casi naiv, porque saben que funciona el hacer creer a la gente que sabe que “todo es por dinero”, pero no es por dinero: es para disgregar. De nuevo, se desprestigia: internet se relaciona con ladrones, con violadores, con pederastas, con ‘cúpulas’ similares a las de organizaciones terroristas.
  6. Los sindicatos. Uno de los pilares de la democracia a la hora de gestionar el sudor de los ciudadanos se ha convertido en la puta de oficio del Gobierno de turno. Son parte y les subvenciona aquel a quien deben criticar. ¿Acaso alguien en España se toma en serio las apariciones públicas de los representantes sindicales? En inglés, sindicato se traduce como ‘union’. Otra unión de ciudadanos desprestigiada gota a gota.
  7. En España especificamente: ataques a colectivos ‘privilegiados’ como en el caso de los controladores aéreos. Se usan temas como este, argumentados en torno a sueldos del vecino y a los tópicos sobre el funcionariado para dividir a la opinión pública o, peor, para unirla contra el enemigo incorrecto en el momento correcto. Basta con señalar la cuenta bancaria de alguien para obviar las acciones de los que realmente se benefician de que las cosas sigan por este camino.
  8. En España, de nuevo, la última reforma laboral, que favorece el no asociacionismo entre los trabajadores, de cara a potenciar las negociaciones directas entre cada trabajador y la empresa.

Y como estos más, pero no quiero hacer un post infinito. Actualmente el problema, para mí, no es el recorte de libertades, es el recorte de confianza real en todo lo que suene a unirse, al asociacionismo. Toda institución pública conocida sufre un proceso de ataque/privatización o ‘cambio de sponsor’ sistemático, eso si no está directamente financiada por aquellos a los que debería contorlar (como la OMS con las farmacéuticas).

Dentro de poco vendrán los ataques a médicos, cirujanos y personal hospitalario para justificar la privatización. Y los ataques a maestros. Y los ataques a las universidades. Y estos ataques no tienen en común que sean por gente de izquierda, de derecha, por gente con dinero, por motivos sexuales, por motivos ideológicos… Lo que tienen en común, como casi en toda táctica planificada, es el desprestigio. Así se consigue una ciudadanía ficticia que piensa que sus problemas sólo los pueden arreglar ellos y que no merece la pena unirse a nadie. El mago nos engaña a todos, uno por uno, y nos convence de que elegimos la carta libremente, de que la pusimos donde quisimos y de que él no ha tocado la baraja.

¿Realmente creemos que nadie se beneficia de esto? ¿Que nadie lo potencia? ¿Realmente sobrevivimos tras la Historia con tal cantidad de incompetencia, desidia y estupidez? En ‘The Wire’ dicen “sigue al dinero”; yo digo “sigue a la propaganda”. No digo que sea obvio que todo es una conspiración mundial liderada por seres con antenas, sólo digo… ¿no merece la pena echarle una pensada?

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2 pensamientos en “El desprestigio

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