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Sobre “Orgullo friki”

Lo siento, me han podido las tripas. Hoy voy a hablar sobre un texto publicado en un medio nacional por un autor muy reconocido. Y, adelanto, va a ser para ponerlo a parir. El texto empieza así:

“Vivimos una época de recuelo y escurrajas en la que, a la descomposición de los `grandes relatos´ (pretendidas visiones omnicomprensivas del mundo que la modernidad impuso como alternativas a la visión religiosa) propia de la posmodernidad, se suma el desconcierto ocasionado por el derrumbe económico de Occidente.”

El artículo es de Don Juan Manuel de Prada. Habla sobre el concepto de friki, que no duda en definir como:

(…) persona de conducta estrafalaria que construye, en torno a sus manías y obsesiones, un universo autónomo más bien sonrojante que no se contenta con resguardar en los retretes de su intimidad, sino que lo airea sin rebozo, causando asombro o hilaridad entre quienes lo rodean.

Como se puede leer, es una definición complétamente objetiva; al igual que esta frase no es nada irónica. Hay tantas connotaciones en esa afirmación que casi no sé por donde empezar: que si el universo del friki es “más bien sonrojante”, que si ‘retretes’ de la intimidad, que si airea ‘sin rebozo’. Si el señor De Prada quería dejar claro su parecer antes de seguir con el texto, creo que lo ha clavado.

Posteriormente compara el ser friki con el fenómeno de las tribus urbanas. Yo, que me considero nerd para muchos aspectos cotidianos, entiendo ese punto de vista en el que ser un freak correla con pertenecer a un colectivo de ‘raros’. No tengo pega, desde la experiencia durante años de ser un friki, en tolerar esa correspondencia; incluso cuando asegura que las tribus urbanas responden a un “seudopensamiento anarcoide que no era sino la expresión exasperada del aburguesado nihilismo ambiental“… sea lo que sea eso.

El caso es que a partir de esa correspondencia, resulta que “el `friqui´ hace de [los subproductos que la propia postmodernidad ofrece al consumo] el corazón de un nuevo culto entusiasta, seudorreligioso incluso, que colma por completo sus depauperados anhelos“. En Roman Paladino: al friki le basta con ser friki y comprar muñequitos para sentirse completo; cosa para la cual no hace falta mucho, ya que como no tiene religión verdadera, sus inquietudes son pocas y de baja calidad. Luego uno dice que a los católicos les basta con confesarse cuando se comportan como hijos de la gran puta y es que simplificamos las cosas.

Luego empieza con que los sistemas de pensamiento tal, que si sustituyeron al pensamiento religioso (único y verdadero, al parecer), que si el frikismo es el último reducto de cual, etc., para concluir que, como existe el friki, el sistema demuestra su victoria (de nuevo, signifique esto lo que signifique).

Y esto es lo que pasa cuando un autor coge voz por azares del destino, sin autoridad en nada que no sea juntar palabras (más o menos como yo en mi blog, pero con repercusión nacional). Le dan una página y tinta en un medio y ¡hala!, a escribir memeces como camiones, a aburrir a las paredes, a usar términos rimbombantes y a hablar de lo que no tiene ni puta idea.

Sinceramente creo que para estudiar o analizar el fenómeno del frikismo habría que coger un poco más de perspectiva, generalizar un poco menos y dejar los miedos y convicciones personales a un lado. Aparte, señor De Prada, un secreto: no todo está enfrentado a su religión ni toda corriente de pensamiento pretende usurpar su moral y sus principios. Lo digo porque a ver si cuando lleguen las próximas cruzadas, los que tenemos muñecos de series, leemos comics, opinamos sobre efectos especiales, nos programamos nuestras propias herramientas y tal, vamos a ser herejes de nuevo cuño y va a venir usted con sus colegas templarios a injertarnos, por la vía de la tolerancia de la industria toledana, la verdad en vena.

O al menos, si va a venir a decirnos cual es la verdad, dígalo con palabras que entendamos todos, carajo. 

El artículo original, aquí.

Simon Pegg deja claro su postura y se entiende perfectamente.

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