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La Leyenda del Ladrón

No he tenido tiempo, como sucedió con “El Emblema del Traidor”, de releer el texto antes de escribir esta reseña. Ello quizá haga que la profundidad con la que intentaré desgranar la obra de Juan Gómez-Jurado no sea toda la que me gustaría pero en cualquier caso, durante un rato, lend me your ears

(Escribir esta reseña sin reventar sorpresas o líneas del argumento es muy complicado. No voy a pretender que lo he conseguido perfectamente pero, al menos, que quede claro que lo he intentado, ¡pardiez!)

Que si a algo se aprendia pronto en el Arenal era a timar en todas las lenguas posibles

Al poco de empezar a leer el libro, con la aparición de Bartolo, no pude evitar recordar este cuadro. (“El Mago” o “El Charlatán”, de El Bosco)

Al igual que ya comenté en la reseña de su anterior libro, no voy a dedicarme a explicar lo bien o mal que Juan Gómez-Jurado describe la sociedad, el ambiente, las motivaciones o cualquier otra cáscara retratada en la novela. No es que me de igual, al contrario, simplemente es que de nuevo todo creo que es una excusa. Si bien esta vez veo tratada la excusa con más cariño o con más ilusión si cabe desde el prisma del escritor. Me parece evidente que documentar, estudiar y reflejar el centro del Universo comercial a finales del siglo XVI es, por definición, mucho más complejo que hacerlo con un contexto de no hace ni un siglo, con referencias abundantes y una memoria colectiva aún fresca en cierta medida. Intuyo que la parte de reto que hay en escribir un libro como “La Leyenda del Ladrón”, aderezada con un amor nada sutil por la ciudad donde transcurre la obra, ha sido lo más apasionante durante cuatro años de la vida de Juan Gómez-Jurado.

Cuando llamo ‘cáscara’ a ciertos aspectos de la obra, parafraseo al propio autor cuando decía aquello de “¿Nazis? ¿Masones? ¡Como si habla de zulús!”. La Sevilla imperial, sucia, marinera, áurea, taimada, hipócrita, calurosa, abarrotada, esclavista, insolidaria, viva… bien podría ser Coruscant, Nottingham, Gotham City, la prisión de Fox River, Ankh-Morpork o cualquier sitio donde exista gente ambiciosa, gente asustada, gente arrinconada, gente sometida y, sobre todo, gente con esperanza.

“La Leyenda del Ladrón” es la historia de la injusticia como norma y de un personaje al que el Universo se encarga de poner constantemente sobre los railes de esa injusticia, hasta para aprovecharse de ella. Lo interesante desde el punto de vista narrativo es que este joven protagonista se rebela; y no por un sentido heróico de moralidad, que no sería creible en el contexto de la obra, sino por puro instinto, por acción de una fortaleza interior que ni él mismo puede controlar. Sancho, el protagonista, es el paradigma de héroe disfrazado de anti-héroe. Es un héroe hasta las trancas de realidad en una época en la que la realidad desayunaba bebés y reyes por igual.

Al igual que pasa con “Canción de Hielo y Fuego”, hay un personaje secundario dificil de catalogar por su propia naturaleza. Lo que es El Muro en la obra de George R.R. Martin, en “La Leyenda del Ladrón” es Sevilla. Ni Clara, ni Josué, ni Guillermo, ni Miguel, ni siquiera Bartolo son tan réplica a Sancho como es la propia ciudad. Numerosos personajes aparecen, como en infinidad de obras literarias, como contraste de cualidades, pensamientos o reacciones del protagonista, pero ninguno de ellos da la réplica tan bien como la ratonera que era entonces Sevilla. Allí donde Sevilla es oscura y traicionera, Sancho sabe protegerse y proteger a los suyos. Allí donde Sevilla es bulliciosa y avariciosa, Sancho aprende a ser silencioso y comedido. Cuando Sevilla mira para otro lado ante la injusticia como motor de la vida, Sancho se alía con los parias de entre los desarrapados: tarados, descompensados, tullidos, condenados…

Bastaba, que se dice pronto, con dotar a esta singular pareja de una estructura, unos tiempos, espadas, malos y muchas horas y correcciones con libros de historia y novelas sobre cosas que pasaban hace casi medio milenio. Casi nada.

El poco sutil subtexto

Esta es la parte en la que me paso de listo (lo de antes sólo era para entrar en calor). Al igual que con “El Emblema del Traidor” posiblemente uno se encuentre con multitud de comentarios que hablen de que esta novela es una historia de venganza y no es así. No es así, al igual que la medicina para un perro no es la mortadela que envuelve la pastilla.

Aquello era Sevilla, la ciudad más grande y rica del mundo. Pero por cada palacete que se alzaba con el oro de las Indias había un centenar de hogares repletos de pobres famélicos

El libro, según el autor, comenzó a fraguarse hace como cuatro años. Estoy casi totalmente convencido de que la parte ‘externa’ de la obra (ambientación, secundarios estelares, trasfondo,…) han permanecido más o menos claros desde los primeros planteamientos de la novela, pero que la parte ‘interna’, sobre todo lo que representa Sevilla, ha ido evolucionando hacia un nivel de detalle y similitud con nuestros días que posiblemente no estuviera planteado desde el germen mismo de la obra salvo quizá de manera anecdótica. Imagino a Gómez-Jurado volviendo a corregir el manuscrito tras haber leído tal o cual noticia durante estos cuatro años. O añadiendo tal frase o tal gesto a tal personaje. O buscando bibliografía para justificar expresamente algún paralelismo inspirado en las numerosas jornadas de indignación de estos últimos dos o tres años. Y es que todos sabemos que una embarazada no deja de ver embarazadas por la calle. Mi apuesta con la Sevilla de esta novela es que Gómez-Jurado no dejó de ver pequeños retazos de esa Sevilla durante cuatro años en casi todas las noticias realmente interesantes que se han dado durante el fraguado de esta obra.

– Así le venderéis trigo al rey Felipe comprado con el dinero que os pensaba incautar para comprar trigo, signore Vargas

Impacta la premeditación con la que se menciona la esclavitud del vecino y como se acepta, la incompetencia de las autoridades públicas (salvo en un caso concreto, lo cual sorprende bastante al leerse), la sombra siempre impertérrita de una autoridad (el Rey) que nunca ejerce ningún poder real (chascarrillo gratuito) y que se limita a acotar y a entorpecer, la corrupción como un ente institucionalizado, la guerra como distracción, el caciquismo, la emigración como único objetivo vital con sentido … No creo que nada de esto sea casual y da la sensación de que este paralelismo subyacente durante la obra es azuzado por el autor a intervalos regulares para recordar al lector que sí, que muchas espaditas, que mucha muralla, que mucho pecho turgente, pero que estamos donde estamos desde hace mucho. Y que ya está bien.

Sancho

En la vida real, los héroes aprovechan el momento

Sancho es la pataleta de Sevilla; es aquel que debería haber muerto como otros miles pero a quién el Universo se empeña en poner en mitad del camino a otros muchos que mueren, que engañan, que sobreviven y que, sobre todo, pueblan Sevilla. Sancho es un bocazas. Sancho es Luke Skywalker, Bruce Wayne, el Conde de Montecristo e Íñigo Montoya a la vez. Sancho es el aprendiz de esclavo, el aprendiz de mago, el aprendiz de actor… Pero sobre todo, Sancho no es el ladrón de la leyenda: es quién hace lo que cree que tiene que hacer. A veces será robar, pero no nos confundamos.

El Coro

Los secundarios de este libro se dividen, como en casi todas las novelas de aventuras en aliados y enemigos. Los enemigos (o mayormente hostiles) están claros desde casi la primera página del libro: un reyecillo que se alza sobre los harapos de sus iguales, un ambicioso déspota que se sabe intocable, un matón canónico, un banquero cobarde… Todos tienen su paralelismo como conceptos actuales y me parecería un ‘spoiler’ utilizar este texto para revelarlos. Aparte, hay un subgrupo de ‘malos’ que siempre me resulta muy interesante y que creo que Stephen King siempre pone por encima de los malvados de manual: los malvados iguales. Los malvados iguales son los que se sientan a tu lado sufriendo lo mismo que tú pero que confían en cambiar su suerte a tu costa. Esos malos están muy presentes en la obra y son otro de los paralelismos que para mí resultan evidentes con los tiempos actuales.

Los aliados (o mayormente amistosos) son también bastante predecibles en cuanto a su relación con Sancho, salvando detalles puntuales. La idea de la historia no es revolucionar la percepción del autor sobre las relaciones humanas: si aparece una chica guapa apuntando como co-protagonista, el lector espera que acabe enroscada al héroe y el autor no es nadie para jugar con eso. Estaría bueno. El coro de aliados es, simplemente, espectácular. Hay un nivel de lectura que se alcanza al presentar a ciertos secundarios amistosos en el que el autor está gritando “¡Esto es para pasarlo bien!” y lo conmina a uno a no querer buscarle tres pies al gato: es un libro de aventuras y como tal debe disfrutarse.

Es injusto pasar sólo de puntillas por algunos personajes, pero no quiero que el texto acabe siendo un ensayo de tapa dura. Debo detenerme en Clara, por ser el claro exponente del espíritu sumiso y autocensurado de la mujer española. Clara es una hija de Bernarda Alba que, además, es consciente de que lo es. Su lucha a trompicones por liberarse, y no me refiero a su esclavitud literal, es la más hermosa del libro a mi parecer. También está Bartolo, cuya historia hasta el momento de conocer a Sancho es una acertada alegoría sobre lo que es ser español desde hace siglos. Bartolo aparece como un ladrón, pero no deja de ser un mago (aunque es cierto que yo tiendo a ver esta relación en casi todo personaje que me resulta carismático): sabe donde estar, como estar y, sobre todo, “conoce las respuestas de antemano”. Bartolo es uno de los muchos maestros que aparecen en esta obra y que delimitarán al que será Sancho en las últimas páginas del libro.

El Estilo

Cualquiera que haya leído una novela de Gómez-Jurado sabe que es un autor que no aburre. No aburre a quién busque un libro de aventuras, claro. Si uno quiere un ensayo sobre el existencialismo o “un experimento sobre el realismo mágico y la banalización de la literatura en una sociedad deshumanizada”, pues va listo, porque esa no es la película. Juan (a estas alturas del texto voy a tutearle un poco) se afana en que el lector del siglo XXI con cierto bagaje cultural y cargado de referencias cinematográficas y literarias participe del juego que plantea en el libro. La cantidad de guiños a escenas y personajes cinematográficos y de televisión, las referencias explícitas a literatura clásica, el uso de expresiones actuales en el contexto de esa Sevilla (“if you know what I mean”)… están ahí. No sé si era intención expresa del autor o es fruto del reflejo de su propio día a día, pero desde luego se dejan traslucir claramente para quién se divierta cazando y siguiendo el juego del escritor o de su subconsciente.

Como punto negativo destacaré, como ya hice con el anterior libro, el uso con fruición de la narración subjetiva. Siempre intento justificar este uso por aquello de la agilidad que da al texto pero lo cierto es que prefiero ver y oir qué hace un personaje e imaginar qué pasa por su cabeza mil veces a que me digan qué piensa. Entiendo que un libro trabajado de esta manera pasa de seiscientas páginas a más de el doble y hay que encontrar un equilibrio adecuado entre muchos factores pero, aún así, se me hace molesto sentirme como un telépata a todas horas.

Como punto positivo tengo que remarcar el aspecto cinematográfico que Juan le da a muchas de las descripciones de personajes y a muchas de las escenas. La historia se desenrolla en la cabeza del lector como un rollo de celuloide. No puedo evitar pintar en mi cabeza que los malos son malos como Doyle Lonnegan en “El Golpe”, Karl de “La Jungla de Cristal” o como un Capitán Barbosa de agua dulce. Que los buenos son buenos como M.A de “El Equipo A” o John Coffey de “La Milla Verde”, como el Comisario Gordon de “Batman” o como Obi Wan. Todos podemos imaginar el magnífico plano con grúa del Arenal cuando Sancho, siendo niño, huye y trepa por el muro. O el magnífico escenario con la fragua de Dreyer en primer plano mientras el amanecer hace acto de presencia en la comarca. Hay demasiadas imágenes vistas en mi cabeza como fotogramas al leer el libro como para ponerlas todas aquí.

Conclusión

– Supongo que una buena historia puede trastornar al hombre más sereno.

“La Leyenda del Ladrón” es una historia de injusticia, de maestros, de aprendices, de aquellos que nunca han querido aprender y de aquellos que lo han conseguido a pesar de todo y con el coste que ello implica. Es una historia de escamoteo a todos los niveles: hay quien corta bolsas para sobrevivir y hay quien trafica con las vidas de sus iguales por ambición. Es una historia de libertad y de dignidad donde cada personaje elige o se deja arrastrar por Fortuna.

Es un libro treméndamente divertido. Si además eres de Sevilla, es más divertido. Si además eres consciente de las bases de los problemas que tenemos actualmente… no es más divertido, pero sí más disfrutable a otros niveles. Se alterna fácilmente en la cabeza del lector un tramo de acción desenfadada con uno de drama, con otro de realidad social o con mini lecciones de historia, ya sea en forma de explicaciones o de narración de costumbres de la época.

No sé si tras leer esto alguien puede mantener la serenidad, pero a lo mejor tras leer “La Leyenda del Ladrón” más de uno se encuentra trastornado. En ese caso, intuyo que Gómez-Jurado pondrá otra muesca en su particular culata de los objetivos cumplidos.

Nota 1: También podéis leer la reseña de “El Emblema del Traidor” o la anécdota que me llevó a conocer a Juan Gómez-Jurado.

Nota 2: Una magnífica reseña a cargo de @greenpeeptoes la podéis encontrar aquí si ésta os ha sabido a poco.

Nota 3: Otra reseña la tenéis aquí, de la mano de @giordino.

Nota 4: Otra más en el blog de @utopiadesuenyos.

Nota 3: El libro se puede comprar por Amazon, en La Casa del Libro y supongo que en muchos más sitios por internet. No llega a 10€ en formato electrónico si tienes Kindle. ¡Vosotros mismos!

Nota 4: No he comentado nada sobre la realidad aumentada porque me he centrado más en el aspecto puramente literario. Si queréis informaros sobre el uso de esta tecnología en la novela, podéis leer a @utopiadesuenyos aquí hablando del tema.

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4 pensamientos en “La Leyenda del Ladrón

  1. Increíble reseña, Dani!!! La mejor que he leído hasta la fecha del libro (y he leído muchas, algunas de gente que se dedica a esto profesionalmente).
    Juan se va a tener que plantear meterte en nómina a este paso, yo desde luego no me lo pensaría, no es fácil encontrar a alguien que sepa diseccionar tan bien una obra sin revelar parte de su trama.

    Me quedo con ganas de saber las semejanzas de los malos con personajes reales que comentas, aunque las intuyo ;)

    Gracias por el enlace! ;)

  2. Con respecto a lo de las mini leecciones de Historia, son, en efecto, muy minis. Hay más de aventuras en “La leyenda del ladrón” que de Historia.
    Y no es un farol, os podéis poner al día sobre este tema en el número de 20 de octubre de http://lanovelaanthistorica.wordpress.com. Veréis que el sector editorial español es muy deficitario en cuestiones elementales, capitales incluso, y que gasta más en supuestos avances tecnológicos que en dar productos variados en cantidad y, sobre todo, calidad.
    La verdad es que por cosas así seguimos dando risa en el Mundo. Claro que mientras alguien se haga millonario gracias a cosas como éstas, ya podemos ir resignándonos.

  3. Bueno, ‘administrador de La novela antihistorica’, nos daremos una vuelta por el blog. En cualquier caso, esta novela (no-ve-la) no pretende ser un curso de historia, al igual que Star Wars no pretende ser un curso de física ni de astronomía. Como bien dices, es un libro de aventuras. ¡Eso no se puede olvidar!

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