No, si ya verás tú como…

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Hotel Lobby, 1943

Mr.Worthington entró en el recibidor. Con el abrigo casi no se notaban las manchas de la camisa, aunque nadie se fijaria de todas formas. El recepcionista no aparecía por ningún lado. Lady Manfred, en su sillón de siempre comenzó otra de sus conversaciones intentando coquetear con el viejo actor.

– Buenas noches, caballero.
– Buenas noches.
– ¿Va usted a alguna obra hoy?
– Me temo que no. Este mes tendré que conformarme con la paga.
– Es una pena. Se ve que tiene usted mucho talento. Seguro que de joven arrasaba en todas las obras.
– Tuve mi época.
– Seguro que era usted un galán.
– Siempre preferí los papeles mas interesantes.
– ¿Por ejemplo?
– Asesinos.
– No le imagino a usted como asesino.
– Ahi reside el encanto, querida. – Y dedicó una sonrisa cómplice a la señora, que se sonrojó levemente.
Mr. Worthington seguia sudando, aunque menos que al entrar en el recibidor. El temblor en sus manos era casi imperceptible. El recepcionista seguía sin aparecer.

– Y bueno… ¿Su hija no sale con usted?
– ¿Quién?
– Su hija – La señora señaló en dirección a la escalera.
– Ah… No. Prefiere quedarse descansando. Ya sabe usted… los jóvenes.
– ¡Qué me va a contar! Ahi está mi sobrina, que solo sabe leer revistas y ver pasar el tiempo.
– Preciosa su sobrina. Se ve que hay un denominador común en todas las mujeres de la familia.
– Oh. – La señora volvió a sonrojarse. Mr. Worthington se acercó lentamente a ella.
– ¿Puede hacerme usted un favor?
– Por supuesto.
– ¿Le puede decir al recepcionista que no molesten a mi hija? Me dijo que estaba muy cansada y no quiero tener que aguantar su mal humor a mi llegada.
– Claro. ¿Tardará usted mucho?
– Algo me dice que llegaré justo cuando mi hija se despierte. Buenas noches, señora. Señorita. – Y de camino a la puerta dedicó una pequeña reverencia hacia la joven del sillón.

Cuando al dia siguiente el servicio de habitaciones encontró el cadaver de la joven, la única preocupación de Lady Manfred era encontrar a su padre para darle la macabra noticia, pero el anciano habia desaparecido.

He recuperado este texto de hace unos pocos años. Surgió como ejercicio a partir de usar un cuadro de Edward Hopper como inspiración (“Hotel Lobby”, 1943). Hasta septiembre hay exposición de Hopper en el Museo Thyssen de Madrid. Nos vemos allí.

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