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Análisis de texto

Recuerdo con sorpresa como, en mi formación durante el bachillerato anterior (BUP), se le daba mucha importancia por parte de los profesores al análisis de texto y, sin embargo, los estudiantes considerábamos que era poco menos que charlar sobre lo que un señor había escrito en un papel. Gracias al sentido crítico que le da a uno analizar muchos textos y diseccionar las elecciones y omisiones de palabras, se puede disfrutar de algo tan poco alentador como la lectura de la carta del Rey del pasado día 18. Pasen, que van a ser unas risas.

Hay dos cosas que inicialmente se deben tener en cuenta antes siquiera de leer analíticamente: el contexto y el tipo de texto al que uno se enfrenta. El contexto para la carta del Rey es el de un país en crisis, con la población alejada de los partidos políticos en el poder, con un conjunto de medidas impositivas e ideológicas llevadas a cabo por sucesivos gobiernos y con cierta actualidad en el tema de la independencia de Cataluña (dos días después de la publicación de la carta por parte de la Casa Real se llevó a cabo la reunión entre Artur Mas y Mariano Rajoy en relación con el tema de la fiscalidad en Cataluña). Este contexto se debe tener en cuenta junto a la categorización del documento: se trata de una carta institucional, redactada por el Jefe de Estado de una Monarquía Parlamentaria.

La carta consta de cuatro párrafos con un desarrollo sencillo. Analizaremos uno por uno y separando algunas de las frases para destacarlas (prometo que no será largo).

Primer párrafo

No soy el primero y con seguridad no seré el último entre los españoles que piensa que en la difícil coyuntura económica, política y también social que atravesamos es imprescindible que interioricemos dos cosas fundamentales.

En esta entradilla, el Rey se posiciona como uno entre los españoles que piensa determinados conceptos. La palabra mayoría no aparece en el texto, pero implicitamente el Rey hace suya la fuerza de esa mayoría para seguir con un argumento: es impresdindible interiorizar dos cosas. En esta frase, contextualizada con algo obvio para cualquier español en estos momentos (la dificil coyuntura), el Rey se posiciona como maestro, como sabio que expone ciertos conceptos fundamentales. En resumen: “Somos una mayoría de españoles los que pensamos que hay que aceptar dos cosas”

Segundo Párrafo

Este segundo párrafo se destina a explicar la primera de las cosas anunciadas en el anterior:

La primera es que solo superaremos  las dificultades actuales actuando unidos, caminando juntos, aunando nuestras voces, remando a la vez. Estamos en un momento decisivo para el futuro de Europa y de España y para asegurar o arruinar el bienestar que tanto nos ha costado alcanzar. En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas. No son estos tiempos buenos para escudriñar en las esencias ni para debatir si son galgos o podencos quienes amenazan nuestro modelo de convivencia. Son, por el contrario, los más adecuados para la acción decidida y conjunta de la sociedad, a todos los niveles, en defensa del modelo democrático y social que entre todos hemos elegido.

En la primera frase deja claro que esta cosa sólo puede superarse con una determinada receta. No es cuestión de este análisis el dilucidar si esa receta es correcta o no. No es mi papel y tengo serias dudas de que sea el papel del Rey. Hay que destacar que los ingredientes que propone se describen con conceptos vagos, redundantes y sujetos a interpretación. Esencialmente se queda en estando unidos, sin entrar en definir qué considera unidad.

En la siguiente frase expresa la preocupación de que ciertas actitudes lleven a la ruptura del actual sistema en el que vivimos; según su majestad, en el bienestar. Lo continúa con una dura aseveración nada relativista: asegura qué es lo peor; y lo peor es, en resumen, dividirse. De nuevo, no define qué considera una división pero sí se esfuerza en agrupar, como si de sinónimos se tratara, los conceptos división, disensión, quimera y herida. Según el Rey, lo peor (superlativo, no lo olvidemos) es “separarse y perseguir cosas imposibles que hieren”.

Justo después de brindar su definición de lo peor, viene su alegato contra la posible inquietud de perseguir esencias o responsabilidades. [Es un clásico hacer la cama si me lo permiten: se expone un supuesto problema y se sigue argumentando con qué no hay que hacer, de manera evidente, para presentar luego una solución cuya argumentación puede ser más débil, ya que se ha preparado a la audiencia mediante términos absolutos e indiscutibles (cosas fundamentales, lo peor).] En contraposición a buscar entre galgos o podencos (noten la nada sutil referencia al mundo de la caza) propone la fuerza de la unión, ya que en estos tiempos sólo la acción decidida de todos es lo que nos va a salvar y nos va a permitir defender este modelo democrático y social que todos hemos elegido. De nuevo cae el texto en el absoluto al dar por sentado algo que muchos consideramos más que discutible: el modelo actual, ni es la panacea, ni se actualiza acorde con la sociedad real con la agilidad que muchos querríamos. Pero de nuevo la cuestión no es si es una afirmación cierta o no. La cuestión es que el Rey es el que la pone sobre la mesa, sin fisura que permita relativizar o establecer un debate. Como tal, esta aseveración se emplea como axioma (y no como hipótesis) en el resto de la carta.

Tercer párrafo

La segunda es que, desde la unión y la concordia, hemos de recuperar y reforzar los valores que han destacado en las mejores etapas de nuestra compleja historia y que brillaron en particular en nuestra Transición Democrática: el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general, la renuncia a la verdad en exclusiva.

Este párrafo contiene, como es de esperar, la referencia a la unión presentada en el anterior. Apoyándose en ese axioma, argumenta a favor de la segunda cosa fundamental. Ésta es, la recuperación y refuerzo de ciertos valores. Aprovecha la enumeración para incluir la Transición dentro de las mejores etapas de la historia española y se centra en varios conceptos que, por ser precisos, no son valores en sí. Destaca el enunciar el trabajo como el primero, aunado con conceptos vagos (de nuevo) como el mérito, el diálogo o el sacrificio por el bien común. Utiliza este párrafo para afianzar el concepto de que la Transición fue magnífica y que lo fue gracias a todos esas cualidades, valores y conceptos enumerados; en contraposición con el segundo párrafo, el de lo peor. Estos argumentos, expuestos como verdades inmutables y universales, se rematan en la lista con la renuncia de la verdad en exclusiva, dando a entender que hemos de estar abiertos a que cada uno tiene su propia verdad.

Cuarto párrafo

Tras el elogio a la verdad de cada uno, termina la carta con un breve párrafo:

Son esos los valores de una sociedad sana y viva, la sociedad que queremos ser y en la que queremos estar para superar entre todos las dificultades que hoy vivimos

Una sociedad es sana y viva sólo si presenta esos valores (esfuerzo, trabajo, unión) y asegura que es la sociedad que queremos ser.

Conclusión

El Rey expone:

  1. Existe una situación crítica en España y Europa
  2. La solución no es buscar responsables
  3. La solución pasa por estar unidos, sin explicitar qué significa en el contexto actual
  4. Cualquier tipo de inquietud de aislamiento, de separación, nos lleva al desastre
  5. La autoridad moral de la sociedad se basa en una lista concreta de “valores” que hay que reforzar
  6. Esos valores son los que han dado a España sus épocas de esplendor, como la Transición.

No voy a ocultar mi poca simpatía por la Casa Real, pero he intentado que el comentario de texto (ahora pienso que ‘análisis’ es pretencioso por mi parte) aflore ciertos aspectos más o menos tácitos de la carta que puede que no todo el mundo pueda o quiera desgranar.

Nota: No he querido entrar en una lectura más profunda, casi de subtexto, dirigido por parte del Rey a ciertos sectores de la sociedad para no caer en un análisis conspiranoico, pero creo que las palabras y sobre todo el tono de la misiva están elegidos para despertar ciertos sentimientos (que no argumentos ni razonamientos) en parte de la sociedad española.

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